Majestuoso testimonio de un poder agostado

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martes, 15 de octubre de 2013

La hora de la diplomacia subnacional


Por Andrés Oppenheimer | LA NACION


MIAMI.- La reciente firma de un acuerdo bilateral entre el gobierno de Estados Unidos y el estado brasileño de San Pablo hace que muchos nos preguntemos si Washington está ensayando una nueva estrategia en la región: pasar por encima a los gobiernos nacionales no muy amistosos y buscar acuerdos con autoridades estatales o municipales más amigables.
Podría ser una estrategia de gran impacto, porque muchos de los países latinoamericanos más hostiles hacia Estados Unidos tienen sus capitales o sus ciudades más importantes gobernadas por líderes de oposición que estarían felices de firmar acuerdos para atraer más inversiones, más comercio y más intercambios educativos con Estados Unidos. Las ciudades de Caracas, Buenos Aires, Guayaquil y Santa Cruz, por ejemplo, podrían estar en esta categoría.
El gobierno de Estados Unidos no ha dicho nada al respecto, pero un artículo que acaba de aparecer en la página web de la revista Foreign Affairs, escrito por el jefe de asuntos internacionales del estado de San Pablo, Rodrigo Tavares, propone que Estados Unidos y todos los países firmen más acuerdos con gobiernos estatales y municipales. Estamos entrando, dice, en un nuevo mundo de "relaciones exteriores subnacionales".
A principios de este mes, el estado de San Pablo -gobernado por el líder de la oposición Geraldo Alckmin- firmó un acuerdo de "relaciones bilaterales formales" con el Reino Unido, afirma Tavares en el artículo. En marzo, firmó un acuerdo similar para forjar "relaciones directas" con Estados Unidos y está planeando firmar en breve acuerdos de esa misma clase con Canadá, Francia, Alemania y varios países asiáticos, dice el artículo fechado el 9 de octubre.
"Con el fortalecimiento del poder local, las principales ciudades, estados y provincias del mundo han adoptado políticas internacionales antes reservadas exclusivamente a los gobiernos nacionales", dice Tavares.
En cuanto a si las constituciones nacionales permiten acuerdos de gobiernos nacionales con gobiernos locales, Tavares señala que casi todas ellas establecen que las relaciones deben ser entre los países, pero agrega que eso también está cambiando.
El año pasado, el entonces canciller brasileño Antonio Patriota anunció que su ministerio reconoce "la nueva realidad de la diplomacia federativa" y el gobierno del estado de San Pablo aprobó un plan de relaciones exteriores estatal de 54 objetivos, afirma.
"El Ministerio de Asuntos Exteriores de Brasil ha apoyado esos esfuerzos de San Pablo bajo la premisa de que lo que es bueno para San Pablo es bueno para Brasil", escribe Tavares. Por medio de la "diplomacia subnacional", Brasil ha encontrado una manera más creativa y posiblemente más eficaz de convertirse en una potencia global.
Según me dicen fuentes de Washington que conocen el tema de cerca, el Departamento de Estado estableció en 2010 una oficina del representante especial de Asuntos Intergubernamentales para impulsar las relaciones entre gobiernos locales de Estados Unidos y el resto del mundo.
El gobierno estadounidense firmó acuerdos con China en 2011 y con Brasil en 2012 para estimular acuerdos entre gobiernos estatales y municipales, y fue bajo ese paraguas que el gobierno de Estados Unidos firmó este año un memorando de entendimiento no vinculante de comercio e inversión con el estado de San Pablo, según las fuentes cercanas al acuerdo.
Mi opinión: no será fácil que el Departamento de Estado pueda hacer acuerdos con gobiernos locales en países con gobiernos nacionales hostiles a Estados Unidos, como Venezuela, Bolivia o Ecuador, cuyos líderes usan a Estados Unidos como un chivo expiatorio para todos sus problemas internos. A diferencia de Brasil o China, estos países no aceptarían la idea de que lo que es bueno para un gobierno local, es bueno para el país.
Pero, les guste o no a los gobiernos, la diplomacia subnacional es una realidad y va a seguir ganando terreno. Ha llegado para quedarse y es probable que todo el mundo trate de usarla en beneficio propio.
© LA NACION. 

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