Majestuoso testimonio de un poder agostado

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viernes, 14 de septiembre de 2012

El Papa considera “un pecado grave” la venta de armas a Siria


 

 

Benedicto XVI inicia una vista de tres días a Líbano para pedir la paz en Oriente Próximo. Varios cientos de personas protagonizan disturbios en el norte del país.

 

ANA CARBAJOSA / PABLO ORDAZ Jerusalén / Roma 

Benedicto XVI ha aterrizado esta mañana en Beirut, donde hoy inicia una visita de tres días al Líbano. El viaje estará marcado por el conflicto armado fruto de la represión que ha seguido a la llamada primavera árabe. Las primeras palabras del Papa, nada más poner pie en suelo libanés, han dejado claro que frenar el baño de sangre en Siria es uno de los objetivos principales de la visita. “La venta de armas a Siria es un pecado”, ha dicho Ratzinger, según la agencia Reuters.
El papa aterriza en una región muy necesitada del mensaje pacificador con el que viaja. Siria se desangra, Líbano se tambalea, la transición egipcia avanza a trompicones y en el conflicto israelo-palestino no cabe a estas alturas la esperanza. Esa era la situación hasta antes de ayer; cuando una película estadounidense, que algunos musulmanes consideran ofensiva propagó la ira por la región. En las últimas horas, las protestas en contra de objetivos de EE UU –algunas muy violentas- se han multiplicado, sin que esté muy claro cómo y cuándo va a parar la bola de nieve. Poco después de la llegada del Papa, varios cientos de personas quemaron un restaurante de comida rápida en Trípoli, una conflictiva ciudad del norte de Líbano, donde se han producido violentos enfrentamientos las últimas semanas entre partidarios y detractores del presidente sirio Bachar el Asad.
La convulsión regional no ha desanimado sin embargo a Joseph Razintger, que a sus 85 años desembarcó este viernes con su séquito en Beirut. “Las tensiones han hecho que sea más intenso aún el deseo del Papa de ir a Líbano”. Las palabras del secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, reflejan hasta qué punto Joseph Ratzinger quiere aprovechar la situación en la zona para reforzar el mensaje con el que el jueves titulaba a toda página L’Osservatore Romano: “Paz en el respeto de las diferencias”.
No obstante, Benedicto XVI pondrá especial cuidado en que ninguna de las partes en conflicto pueda utilizar sus discursos —pronunciará ocho en dos días— en beneficio propio. “El Papa no es un comentarista político”, advirtió monseñor Bertone en una entrevista con Le Figaro, “esperar que su exhortación apostólica sea una especie de interpretación socio-política de la primavera árabe —o un programa político específico para los cristianos— significaría malinterpretar las enseñanzas del Santo Padre”.
Benedicto XVI pasará tres días en Líbano, en los que piensa pedir la paz para Oriente Próximo e inyectar moral a los cristianos de la región; para los que soplan vientos poco favorables. La cristiana es una comunidad menguante, que apenas suma el cinco por ciento de la población en la zona. Se enfrentan además los cristianos al auge de los movimientos islamistas, a los que los dictadores de las primaveras árabes reprimieron históricamente e indirectamente fortalecieron. Se estrecha pues en estos países la distancia que separa religión y Estado; algo que preocupa a buena parte de los cristianos, como por ejemplo los egipcios.
Por eso, además de los lógicos llamamientos a la paz en la región, el Papa también lleva un mensaje más concreto dirigido a los cristianos. Durante la audiencia general del miércoles, ante 8.000 personas y hablando en francés, Joseph Ratzinger pidió a los cristianos que viven en esa zona de mayoría musulmana que no abandonen la tierra donde “nació, vivió, murió y resucitó Jesucristo”. Que no solo resistan, sino que además se conviertan en “constructores de paz y agentes de reconciliación”.

Una turba trata de asaltar la embajada de EE UU en Túnez







CRISIS DE LAS EMBAJADAS

 

Disparos alrededor de la sede diplomática tunecina.

Atacadas las embajadas de Alemania y Reino Unido en Jartum.

Siguen las protestas en Egipto, Gaza, Jordania y Yemen.

 

RICARD GONZÁLEZ / EL PAÍS El Cairo / Madrid 

La crisis desatada por Inocencia de los musulmanes, el burdo filme que parodia la figura del profeta Mahoma, ha escalado a un mayor nivel de tensión. Una nueva ola de protestas convocadas para expresar el rechazo a la película se ha extendido a otras embajadas occidentales tras las graves agresiones a sedes diplomáticas estadounidenses perpetradas desde el pasado martes. Ante la emergencia de la situación, el Pentágono ha informado de que un grupo de marines se dirige a Yemen para ayudar a proteger la Embajada en Sana.
En Túnez, país donde se iniciaron las primeras protestas de la primavera árabe, se están produciendo tiroteos en la legación estadounidense que ha sido asaltada por decenas de personas y en Egipto continúan las manifestaciones violentas de los últimos días.
Desde este mediodía, los disturbios en Sudán alcanzan a las sedes diplomáticas de Alemania y Reino Unido y ya hay tres muertos en los enfrentamientos.

 

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A mediodía la tensión generada alcanzó la sede de la embajada alemana en Jartum. Decenas de personas prendieron fuego en el exterior de la tapia del edificio sin que la policía pudiera evitar que accedieran al interior. Los testigos señalan que los asistentes a las protestas han coreado lemas contra EEUU y Alemania, y han pedido al Gobierno de Sudán que cierre ambas legaciones y expulse a los embajadores.
Un portavoz de la legación diplomática de Reino Unido confirmó a la BBC que varios manifestantes estaban tomando posiciones alrededor de la embajada británica, que se encuentra a pocos metros de la alemana, y que la policía ha comenzado a rodear el edificio para tratar de evitar su asalto.
En Túnez la policía ha lanzado gases lacrimógenos y ha disparado para intentar dispersar a la multitud congregada ante la embajada estadounidense. Aún no se ha podido determinar qué tipo de balas están utilizando las fuerzas de seguridad pero es habitual en las manifestaciones violentas de Túnez el uso de balas de caucho. Periodistas de diferentes medios aseguran que del interior del edificio --al parecer en la zona de aparcamientos-- se puede ver un humo negro que podría deberse al lanzamiento de cócteles molotov. Los manifestantes han atacado también una escuela americana, a la que han prendido fuego, en la que no se han producido víctimas al ser el viernes un día festivo.
En India hay 86 personas detenidas por intentar asaltar el consulado norteamericano al que han lanzado piedras consiguiendo romper varias ventanas.

Protestas en Egipto

En respuesta a la convocatoria de varias organizaciones, entre ellas los Hermanos Musulmanes, unos pocos miles de personas se han congregado en el centro de la plaza Tahrir para expresar su rechazo por la producción de un filme en EEUU que denigra la figura del profeta Mahoma. El grupo, que incluía a varias docenas de mujeres veladas y era de tendencia islamista, lanzaba consignas a favor de Mahoma. “Con el espíritu, con la sangre, nos sacrificaremos por ti profeta”, era uno de los lemas más repetidos.
A un centenar de metros de allí, unas docenas de jóvenes, muchos de ellos apenas adolescentes, jugaba al gato y al ratón con la policía. Un muro de cemento construido esta misma mañana, y situado en la calle que une la mítica plaza con la embajada de EEUU, separaba a los manifestantes de las fuerzas de seguridad. Si bien ello consiguió apaciguar una batalla callejera que ya hace tres días que dura y se ha cobrado más de 200 heridos, no puso fin a los disturbios.
Varios chicos treparon el muro, y desde allí lanzaban piedras contra la policía, que respondía con gases lacrimógenos, impregnando de un fuerte olor la zona. “Queremos una disculpa oficial de EEUU, y que se retire la venta y emisión del vídeo”, decía Omar Tareq, uno de los jóvenes activistas. “Tiramos rocas contra la policía para responder a sus agresiones. Ellos empezaron con los gases lacrimógenos”, añade con una sonrisa, como si la refriega fuera un juego de niños.
No existe una posición común que una a los manifestantes más allá de su indignación por el trato dispensado a Mahoma. “Nuestro profeta es una línea roja que no se puede cruzar. Es alguien muy importante en nuestras vidas, y tiene que ser respetado”, afirma Issam, un ingeniero de mediana edad que forma parte de la Gamá Islamiya, el brazo político de un grupo terrorista que abandonó la violencia hace una guerra.
Mientras buena parte de los manifestantes exigen a Morsi que expulse a la embajadora estadounidense en El Cairo, o cierre la embajada, Issam se conforma sólo con un cambio de la legislación en EEUU. “Las relaciones con Washington son muy importantes para nosotros, y no hay que ponerlas en peligro. Basta con que se apruebe una ley que prohíba los insultos a todos los profetas, y no sólo a Mahoma, tal como en muchos países occidentales está prohibido hacer apología del Holocausto”, sostiene.
En Trípoli, en el norte de Líbano, las protestas en contra de la supuesta cinta blasfema dejaron un muerto y más de una veintena de heridos, según informó la prensa local. Los manifestantes quemaron un restaurante de comida rápida estadounidense, que poco antes habían apedreado. Se enfrentaron además a las fuerzas de seguridad, que acordonaron la zona y se desplegaron por la ciudad para evitar más altercados.
La ira de los ofendidos prendió también en Jerusalén oriental, en Gaza y en algunas ciudades israelíes. Varios centenares de jóvenes palestinos protestaron al grito de “alá es grande” a la salida del rezo de la mezquita de Al Aqsa, en la ciudad vieja de Jerusalén. Se concentraron después en la puerta de Damasco, donde las fuerzas de seguridad israelíes cargaron contra los manifestantes y lanzaron bombas de sonido para dispersar a la multitud. En la franja de Gaza, cientos de manifestantes salieron a la calle para participar en marchas que transcurrieron de forma pacífica, informa Ana Carbajosa.
Los disturbios también han alcanzado Nigeria donde el ejército ha disparado al aire para dispersar a los manifestantes sin que se hayan producido, por el momento, heridos.
Estados Unidos trata de contener la ola de protesta con una combinación de acciones diplomáticas y expresiones de fuerza que pondrán a prueba la firmeza de Barack Obama y el acierto de su política exterior a pocas semanas de las elecciones presidenciales.
El Gobierno norteamericano ha dejado claro que deplora el contenido del vídeo —con el que se justifican las manifestaciones violentas— y que no tiene nada que ver con su producción, al tiempo que barcos con misiles y aviones sin tripulación avanzan hacia las costas de Libia.
El pasado martes, un ataque lanzado contra el consulado estadounidense en Bengasi, en el este de Libia, se saldó con la muerte del embajador de Washington y otros tres ciudadanos de EE UU.
El recién elegido primer ministro libio, Mustafa Abu Chagour, ha anunciado este jueves a varios medios que se han producido las primeras detenciones con relación al ataque.

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