Majestuoso testimonio de un poder agostado

Majestuoso testimonio de un poder agostado

sábado, 19 de octubre de 2013

Certezas y dudas en el final de la campaña



Por Eduardo Fidanza  | Para LA NACION


Los datos del sondeo electoral de Poliarquía que publica hoy LA NACION confirman, en términos generales, los resultados de las PASO y las encuestas posteriores a esa elección. Esta información permite concluir que el domingo 27 los argentinos sellarán el destino del gobierno de Cristina Kirchner de un modo equilibrado y democrático, sin dejarlo en una situación de extrema debilidad, pero sin permitirle proyectos de perpetuación que obliguen a modificar las reglas constitucionales vigentes. Por segunda década consecutiva el electorado argentino le avisará a un gobierno que es suficiente con dos períodos (o tres en este caso) y que debe darse lugar a la alternancia.
Para asimilar esta nueva realidad no se necesitarán los resultados de la noche del 27. Ellos operarán como una confirmación de lo que ya se sabe y se descuenta, al menos desde el 11 de agosto pasado. Por esa razón los análisis políticos se centran en el día después y en los dos años siguientes, al cabo de los cuales surgirá un nuevo gobierno. Poco a poco se impone cierta terminología; las palabras "fin de ciclo" y "transición", antes resistidas por el oficialismo, son ahora compartidas en forma explícita o implícita por todos los involucrados en la escena política.
En este marco de certidumbre existen, sin embargo, matices que pueden influir en la evolución política posterior. En primer lugar, es importante conocer cuál será, en definitiva, la diferencia de votos que separe a Massa de Insaurralde en la provincia de Buenos Aires. Como se sabe, allí Massa compite con Scioli, no con el intendente de Lomas de Zamora. Una ampliación considerable del margen que obtuvo en las PASO consolidaría su figura en detrimento del gobernador, mentor de la campaña del Frente para la Victoria. En caso de que esa diferencia sea similar o menor a la del 11 de agosto, Scioli saldría fortalecido y afianzaría su proyecto político. Según la encuesta de Poliarquía, Massa tiene mejores chances, pero es un punto difícil de determinar una semana antes de las elecciones.
El segundo interrogante no es en torno a figuras, sino a un capital simbólico en disputa. Se trata de la competencia entre Filmus y Solanas en la ciudad de Buenos Aires. Más allá de si Filmus estuvo con Grosso, o mostró un gráfico equivocado, y de si Solanas apoyó a Irán en el caso AMIA, ambos comparten la misma vocación y la misma actitud frente a la política: no se dedicaron a ella para enriquecerse y han defendido, con aciertos y errores, una visión justa de la sociedad. También le cabe eso a Juan Cabandié, más allá de sus exabruptos. Entre dirigentes de este perfil, se compite para dirimir una vieja cuestión, aún vigente: qué es ser progresista en la Argentina. Detrás de Filmus hay una intelligentzia peronista que no quiere dejar ese tema sólo en manos de radicales y socialistas. Claro que para todos ellos está pendiente la eficacia en la gestión, que hoy exhibe Pro y que le permitirá alzarse con dos senadores en la ciudad de Buenos Aires. El Metrobus, mal que les pese, ha sido una lección para los ideólogos.
Con estos condimentos, más una multiplicidad de situaciones provinciales y locales que no deben desatenderse, la política argentina se adentra en una nueva etapa, que coincidirá con la celebración de los 30 años de recuperación de la democracia. Tres décadas signadas por cambios de estilos y contenidos, conservando, sin embargo, una orientación general, que se deriva, con luces y sombras, de la tradición de los dos grandes partidos históricos de la Argentina, el radicalismo y el peronismo.
En qué medida la transición que se abre permitirá mejorar las condiciones generales del país y de la política es otro interrogante. Acechan nuevos y complejos problemas, con una elite del poder enfrentada por intereses materiales y simbólicos, que el estilo beligerante del Gobierno no ha hecho más que enardecer. Pareciera que hay más preocupación por cobrarse viejas facturas que por enfrentar una agenda extremadamente complicada, que incluye inseguridad, inflación, insuficiencia energética, falta de competitividad, corrupción, pobreza. La liviandad con que se han tratado estos temas en la campaña electoral es un síntoma preocupante para la Argentina que viene.
Por último, el reparto de fuerzas políticas, del que la encuesta de Poliarquía ofrece claros indicios, será otro factor clave en los meses siguientes. El peronismo, que acaparará la mayoría de los votos, llega al comicio en plena reorganización en torno a nuevos liderazgos. Massa y Scioli pisarán fuerte, pero la Presidenta será también una pieza fundamental. Ella conserva apoyo popular y de su actitud dependerá conservarlo y aun incrementarlo.
El resto de los actores buscarán revertir la hegemonía justicialista y colocar a sus candidatos en la competencia presidencial. Por el momento, no se advierte que estén en condiciones de lograrlo. Pero la transición será larga y, como el título del célebre libro de Umberto Eco, es una "obra abierta".
© LA NACION. 

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