Majestuoso testimonio de un poder agostado

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martes, 5 de marzo de 2013

Secuestro de la razón


 

 

El desacuerdo presupuestario reducirá el PIB de EE UU y dañará la economía mundial.



La incapacidad de demócratas y republicanos para llegar a un acuerdo ha abocado a EE UU al secuestro presupuestario: la automática aplicación de recortes, previstos hace tiempo, en el gasto público, la mitad de los cuales en Defensa. Es una mala noticia para la economía mundial. Estas medidas pueden desacelerar la economía norteamericana. Su previsión de crecimiento, cercana al 2%, se verá rebajada en casi un punto anual. La economía europea está tiritando; la japonesa, en respiración asistida, y las emergentes crecen a menor ritmo que en los últimos años. Por ello, los efectos del secuestro en el comercio global y sobre todo en las áreas recesivas, serán negativos. Retraerán la demanda y castigarán su crecimiento.
Para EE UU, la reducción del gasto, este año en 85.000 millones de dólares —un 2,4% del presupuesto federal—, es aún más dañina. Contradice la orientación expansiva de la política monetaria; puede incrementar el desempleo en cerca de un millón de personas; introduce arbitrariedad en las aplicaciones presupuestarias, pues apenas se afinó al fijar el catálogo de recortes, pensado como un guión draconiano que obligaría a los dos partidos a negociar. Y ya ha empezado a erosionar la capacidad disuasoria militar de Washington, que ha debido cancelar el despliegue de un portaviones en Oriente Próximo.
El secuestro es la tercera estación del vía crucis iniciado con el desacuerdo sobre el techo de la deuda, en agosto de 2011. Que se cerró en falso, ampliándolo y apelando a negociar la reducción del déficit hasta final de 2012: el precipicio fiscal. Si bien este se salvó en el aspecto sustancial, el aumento de la recaudación de impuestos, que suponía un 80% del paquete, quedó para marzo la reducción del gasto. El fracaso de ahora, siendo malo, no es tan catastrófico como lo hubiera sido la caída en el precipicio, que habría supuesto una reducción del 5% del PIB y quizá la entrada de EE UU en recesión.
El dogmatismo republicano sobre el gasto público es causa principal de este revés. Pero lo secundan los errores negociadores de los demócratas: una vez acordadas en enero las subidas de impuestos, ¿qué interés tendrían sus rivales en flexibilizar posiciones? Y tampoco ha hecho ningún favor la estrategia del presidente Obama, que primó la agitación sobre el diseño de una reforma en profundidad. EE UU roza así una parálisis institucional-económica —ojalá breve— de acre sabor mediterráneo.

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