Majestuoso testimonio de un poder agostado

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martes, 18 de junio de 2013

Los primeros 100 días del papa Francisco



Por Andrés Oppenheimer | LA NACION


MIAMI.- Casi 100 días después de la asunción del papa Francisco, el primer papa latinoamericano, no hay dudas de que ha traído un cambio de estilo en el Vaticano con sus cotidianos gestos de humildad. Pero también hay signos de que este cambio puede ser no sólo de formas, sino también de fondo.
En los últimos días, una filtración periodística de los comentarios de Francisco a un grupo de religiosos visitantes ha conmovido al mundo católico y nos ofrece la mejor indicación hasta el momento de si el papa argentino se propone producir reformas en la Iglesia. Esa filtración, publicada en el sitio web de la revista chilena Reflexión y Liberación, una publicación católica progresista, cita a Francisco al decirle a una delegación de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos (CLAR) que se está enfrentando con una red de corrupción y con un lobby gay dentro del Vaticano, que presuntamente se resiste a las reformas. Sus comentarios, realizados durante la audiencia privada con la CLAR el 6 del actual, se referían aparentemente a los escándalos financieros y a las acusaciones de encubrimiento de abusos sexuales de sacerdotes pedófilos.
Tal vez más importante aún, Francisco dijo a sus visitantes que está decidido a reformar la Iglesia, aunque advirtió que los cambios serán implementados por una comisión de ocho cardenales que él mismo ha designado. "La reforma de la curia es algo que pedimos casi todos los cardenales en las congregaciones previas al cónclave. Yo también la pedí", habría dicho el Papa a sus visitantes. "La reforma no la puedo hacer yo... Yo soy muy desorganizado, nunca he sido bueno en esto. Pero los cardenales de la comisión la van a llevar adelante", aseguró.
La CLAR ha emitido un comunicado en el que lamenta la publicación no autorizada de los comentarios del Papa. El Vaticano dijo que no haría comentarios, porque se trataba de una audiencia privada.
En una entrevista telefónica, el editor de Reflexión y Liberación Jaime Escobar me dijo que los comentarios del Papa son un claro signo de que se propone cambiar la Iglesia. Lo hará a través de la comisión que designó y de los inminentes nombramientos, aseguró. Y agregó que aunque los medios internacionales se centraron en las referencias a la corrupción y al lobby gay, "la parte más importante de lo que dijo el Papa es que tiene un mandato de reformas. Se viene una reforma de la curia", dijo Escobar.
Pero otros observadores del Vaticano no confían tanto en la comisión de cardenales. Argumentan que el líder de la comisión, el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Madariaga, ha sido denunciado por grupos como la Red de Sobrevivientes de los que sufrieron Abusos por parte de Sacerdotes (SNAP) por haber encubierto o desestimado alegatos de abuso sexual de niños. Rodríguez Madariaga no es ajeno a las controversias. Se han citado declaraciones suyas en las que sugería que los judíos influyeron sobre los medios para magnificar los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes, algo de lo que luego se retractó, según el Comité Judío Americano, pero que llevó al afamado profesor de leyes de Harvard Alan Dershowitz a llamarlo "antisemita".
"Esta comisión es problemática", dice Daniel Álvarez, profesor de Estudios Religiosos en la Universidad Internacional de Florida. "Tres de sus ocho miembros, incluido su coordinador, han sido implicados en el encubrimiento de sacerdotes pedófilos".
Mi opinión: la decisión de Francisco de no vivir en el lujoso departamento palaciego de sus predecesores, sino en un alojamiento más modesto del Vaticano -donde no está rodeado exclusivamente por miembros de la jerarquía eclesiástica- y sus comentarios a la CLAR de que fue elegido con el mandato de reformar la Iglesia sugieren que no sólo habrá un cambio de estilo, sino también un cambio de fondo. Es cierto que sus comentarios sobre el lobby gay son más preocupantes, aunque no sabemos bien en qué contexto lo habría dicho.
Y también hubiera sido mejor que, en vez de derivar las reformas a la comisión de cardenales, Francisco hubiera asumido el liderazgo de esa tarea. Pero mientras tenga en claro que tiene el mandato de reformar la Iglesia, hay motivos para ser optimistas.
© LA NACION. 

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