Majestuoso testimonio de un poder agostado

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martes, 18 de octubre de 2011

Recibimiento triunfal a los prisioneros palestinos


 

Miles de personas dan la bienvenida en Gaza y Ramala a los recién liberados.

 

ENRIC GONZÁLEZ / AGENCIAS/ EL PAÍS/ Ramala / Gaza 

Son pocos los días en que el movimiento islamista Hamás o los ciudadanos de Gaza pueden celebrar algo. Probablemente la última vez fue cuando, en enero de 2008, los milicianos reventaron la frontera con Egipto para romper el bloqueo israelí, con el que colaboraba El Cairo. Hace una hora se desató la locura. Cuando los prisioneros —uno de los asuntos fundamentales para cualquier organización palestina, dado que 700.000 palestinos han pisado cárceles israelíes desde 1967— comenzaron a entrar en Gaza, a través del cruce de Rafah, los exreclusos comenzaron a besar el suelo y a Ismail Haniya, jefe del Gobierno de Hamás en Gaza, y a otros dirigentes de la organización fundamentalista. Lágrimas y sonrisas se mezclaban.
En el centro de la ciudad de Gaza se preparaba otro recibimiento triunfal a los prisioneros. En Ramala la euforia era más contenida, aunque también miles de personas han celebrado la liberación del millar de prisioneros. Llamaba la atención las innumerables banderas de Hamás, invisibles desde hace cuatro o cinco años dado el enfrentamiento entre el movimiento islamista y Fatah, el partido rival. En los alrededores de la Mukata, sede del Gobierno palestino, la multitud comenzaba a llenar el entorno antes del mediodía. Amán llevaba a su hijo de dos o tres semanas en brazos, envuelto en una bandera verde. “El niño va de verde para que Hamás le proteja siempre”, comentaba Amán. En la Mukata, la música era estruendosa antes de que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, se dirigiera a la muchedumbre.
Minutos después, 95 prisioneros llegaron a Ramala. Al menos una docena de ellos eran llevados a hombros envueltos en banderas y cintas verdes. La gente está enloquecida de alegría.

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