Majestuoso testimonio de un poder agostado

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domingo, 6 de julio de 2014

La productividad en la “nube” supera a Internet


Mirada global




Por Jorge Castro

La previsión de la mayor empresa de alta tecnología de la “nube”/cloud computing (Amazon Web Services/AWS) es que la inversión global en Internet y tecnologías vinculadas, que asciende hoy a U$S 5 billones, se duplicaría en los próximos 6 años, y que 90% de ese incremento tendría lugar dentro de la “nube”, la nueva plataforma global de computación.
También se estima que las ganancias de productividad que tienen lugar allí son 6 veces más rápidas que las establecidas por la “Ley de Moore” –la capacidad de procesamiento de la información se duplica cada 18 meses, mientras que sus costos caen a la mitad–.
De ahí que el desplome de los precios en la “nube” adquiera una magnitud que modifica su naturaleza y se orienta hacia la gratuidad.
Los dos países industriales más avanzados –EE.UU. y Alemania– experimentan una carencia cualitativa de mano de obra suficientemente calificada. El sector manufacturero estadounidense (NAM) ha ofrecido 3 millones de puestos de trabajo altamente calificados, que no han sido cubiertos porque no existen en el mercado trabajadores con la suficiente formación para hacerlo. El problema es mayor en la República Federal. Su fuerza de trabajo se contraería en 2,4 millones en 2020, por una oferta laboral que cae de 43 millones en 2013 a 37 millones en 2030.
Pero lo importante en el capitalismo no es la oferta laboral de la que se carece, sino la magnitud y calidad del poder productivo que le ofrece su fuerza de trabajo. “El capital real no es el capital, sino el trabajo”, dice Marx (Grundrisse). Los productos de alta tecnología no son seres dotados de vida propia, sino la inteligencia imbuida en ellos por una fuerza laboral que ha dejado de operar en forma directa y material y ha adquirido un carácter abstracto y universal. Se ha transformado en “inteligencia colectiva”.
Al hacerlo, se ha convertido en el principal factor de producción, por encima del capital fijo y de la fuerza de trabajo material; y los bienes de alta tecnología que ha creado son un derivado de su excepcional potencia creadora: “nube”/Internet móvil, la maquinaria del siglo XXI.
El predominio de la “inteligencia colectiva” se presenta a través de dos dimensiones: automatización creciente (robotización); y aceleración de la revolución en las telecomunicaciones y el transporte, al punto de que el tiempo aniquila al espacio y la instantaneidad impone una hegemonía sin límites.
La “inteligencia colectiva” deviene en “sociedad del conocimiento” cuando se movilizan, como ha ocurrido en las últimas tres décadas, la totalidad de los recursos intelectuales de una sociedad. Su avance no depende de los mayores medios técnicos, sino del auge extraordinario de la subjetividad –iniciativa, creatividad– de los individuos que la componen.
Se requieren individuos más creativos, más libres.
Esto es lo contrario del disciplinamiento externo y de la automatización forzada, hasta el punto de convertir a la fuerza de trabajo – y ante todo a la vida – en una forma de arte. De ahí que se haya producido una explosión de iniciativa empresarial en el mundo entero, y que Steve Jobs se haya convertido en el arquetipo de la época.
Los nuevos empresarios digitales (start ups) eran 240.000 en 2008 y treparon a 2,6 millones en 2013 (+ 50% anual); y el año pasado las grandes firmas high-tech compraron start ups por U$S 250.000 millones, cifra que se duplicaría al concluir la década. Así, la fuerza de trabajo se socializa y se intelectualiza, mientras que exige a sus integrantes que sean emprendedores libres y creativos, profundamente individualizados e identificables.
Este es el fundamento del nuevo mecanismo de acumulación global. Esta exigencia no es obra de un impulso ético, sino una coerción impuesta por la necesidad, que son las reglas de la competencia. Esta es una época curiosa que fuerza y coerciona el auge de la libertad. 

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