En la Feria Internacional de Alta Tecnología (Shenzhen-China)

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lunes, 14 de julio de 2014

Xi Jinping: "El objetivo es llevar la asociación estratégica de la Argentina y China a una nueva altura"

 En LA NACIÓN

El presidente de China calificó al país como "un íntimo amigo de confianza mutua"; llegará el sábado a Buenos Aires y buscará potenciar el vínculo bilateral; también habló de la cumbre de los Brics.


Foto: LA NACION 


La siguiente es una entrevista exclusiva que concedió a cuatro medios de América latina, entre ellos LA NACION, el presidente de China, Xi Jinping, que llegará a la Argentina el próximo sábado. Antes de ello irá a Brasil a la cumbre de presidentes de los Brics.

¿Cuáles son sus expectativas para la VI Cumbre de los Brics en Fortaleza?
-Durante los últimos cinco años, se ha estructurado un esquema de cooperación de los Brics, que, liderado por las Cumbres de Líderes, cuenta con múltiples instancias y abarca amplios terrenos. Se incrementa constantemente la confianza mutua política entre los países miembros del bloque, que no dejan de profundizar la cooperación sustancial en materia de economía, financiamiento, comercio y desarrollo, y refuerzan sin cesar la comunicación y coordinación en los asuntos internacionales de trascendencia. La cumbre de Fortaleza es depositaria de la misión histórica de hacer el balance de la trayectoria de nuestra cooperación y planificar su futuro desarrollo, por lo que esta cumbre jugará un papel relevante de enlazar el pasado y el futuro en el proceso de cooperación de los Brics. Espero que esta cumbre pueda servir para ahondar la cooperación, demostrar la inclusión y transmitir la confianza. Para ahondar la cooperación, hay que planificar el futuro desarrollo de los Brics en lo estratégico. Durante la cumbre de Fortaleza, se celebrará el Diálogo entre Líderes de los Brics y la Unasur, ocasión propia para efectuar en profundidad el intercambio de opiniones acerca de los temas internacionales y regionales de interés común, incrementar el conocimiento, promover la cooperación y explorar temas relacionados con la cooperación sustantiva en lo económico, comercial y cultural.
El transmitir la confianza se refiere a afianzar las convicciones sobre la unidad y confianza mutua entre los países Brics y las perspectivas del desarrollo de los Brics, así como la confianza del mercado y el público acerca del desempeño económico de los Brics.
-¿Cómo evalúa el nivel de desarrollo de la asociación estratégica entre China y la Argentina? ¿Cuáles son los ámbitos prioritarios para la cooperación binacional en la próxima etapa?
A lo largo de las más de cuatro décadas transcurridas a raíz del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre China y la Argentina, con los esfuerzos aunados, los lazos bilaterales han experimentado un desarrollo sostenido y acelerado. Cito una frase de la epopeya argentina Martín Fierro: "Los hermanos sean unidos, porque ésa es la ley primera". Hoy, China y la Argentina se han convertido en íntimos amigos de confianza mutua y en buenos socios de igualdad y beneficio mutuo.
El año pasado me reuní en un encuentro bilateral con la presidenta Cristina Fernández al margen de la cumbre del G-20 en San Petersburgo y efectuamos un profundo intercambio de opiniones sobre cómo reforzar los intercambios y la cooperación que ambos países desarrollan en las múltiples áreas. De ese encuentro todavía guardo recuerdos frescos. China aprecia la adhesión argentina al principio de una sola China y respalda los reclamos soberanos de la Argentina sobre las islas Malvinas.
En 2013 nuestro intercambio comercial alcanzó los 14.800 millones de dólares, 2400 veces más que la cifra registrada al inicio de las relaciones diplomáticas. China se ha convertido en el segundo socio comercial de la Argentina a nivel global y una fuente principal de las inversiones recibidas por la Argentina, que a su vez se cuenta como el quinto socio comercial que China tiene en América latina. Nuestra cooperación ha arrojado resultados fructíferos en las áreas de recursos naturales y energía, agricultura, construcción infraestructural y financiamiento, trayendo tangibles beneficios a los dos pueblos. Asimismo, el intercambio cultural y humano adquiere mayor diversidad en constante profundización del entendimiento mutuo y amistad entre las dos partes. China y la Argentina han mantenido una estrecha y excelente colaboración estratégica en los asuntos internacionales y regionales de relevancia, salvaguardando juntos los intereses comunes de los países en desarrollo.
Tanto China como yo en persona concedemos alta importancia a la asociación estratégica entre China y la Argentina. Estoy a la expectativa de realizar un profundo intercambio de puntos de vista con la presidenta Cristina acerca del desarrollo de la agenda bilateral y los otros temas de interés común y trazaremos juntos un plan maestro para las relaciones bilaterales, con vistas a potenciar el intercambio y cooperación en las diversas áreas, promover un crecimiento equilibrado y estable del comercio bilateral, y elevar el nivel de la cooperación mutuamente beneficiosa en materia de inversión productiva y construcción infraestructural, con el objetivo de llevar la asociación estratégica entre China y la Argentina a una nueva altura.
-¿Cómo valora usted el nivel actual de las relaciones entre China y América latina y el Caribe? ¿Qué proyección y planteamiento tiene sobre el desarrollo integral de las relaciones entre ambas partes?
-"La larga distancia no borra la íntima amistad", un antiguo verso chino que retrata fielmente las relaciones entre China y América latina y el Caribe. Siendo por igual países en desarrollo, China y los Estados latinoamericanos y caribeños se encuentran en una fase de desarrollo similar y comparten las mismas tareas de desarrollo. Siempre nos hemos apoyado el uno al otro para seguir el camino de desarrollo acorde con nuestras respectivas realidades nacionales, comprometidos por igual con un orden internacional evolucionando por el rumbo más justo y razonable. Todo ello constituye razón fundamental por la que podemos avanzar juntos, en busca de terrenos comunes, archivando las discrepancias.
Del inicio del nuevo siglo a esta parte, China y la región, adhiriéndose al desarrollo compartido como tema primordial, han venido impulsando la profundización de la confianza mutua política, la ampliación de la cooperación económico-comercial, el aprendizaje cultural, así como la estrecha coordinación en los asuntos internacionales, de tal forma que las relaciones entre China y América latina y el Caribe registran avances sustantivos, convirtiéndose en un caso ejemplar de la cooperación Sur-Sur.
La cooperación sustantiva en lo económico-comercial constituye un importante pilar de las relaciones entre China y América latina y el Caribe. En los últimos años, el volumen comercial entre ambas partes ha experimentado un constante ascenso, llegando en 2013 a la cifra récord de los 261.600 millones de dólares. China ya es el segundo socio comercial y la tercera fuente de inversiones para la región. La cooperación mutuamente beneficiosa ha arrojado resultados fructíferos en las áreas de recursos naturales y energía, construcción infraestructural, financiamiento, agricultura, manufactura y alta tecnología, contribuyendo enérgicamente al desarrollo de nuestras respectivas economías y la mejora del bienestar de los pueblos.
En la actualidad, China y América latina y el Caribe tienen por delante importantes oportunidades, mejores condiciones y bases aún más sólidas para procurar un mayor avance de sus lazos. China siempre enfoca sus relaciones con esta región desde la altura estratégica y con una visión largoplacista, y está dispuesta a trabajar con los países de la región para impulsar el desarrollo de la asociación integral entre China y América latina y el Caribe, caracterizada por la igualdad, el beneficio recíproco y el desarrollo compartido en un nivel aún más alto, en mayor beneficio de los pueblos de ambas partes y los de todo el planeta. Establecer el Foro China-Celac es llevar adelante la cooperación integral entre China y América latina y el Caribe, y concuerda con la corriente de cooperación regional y transregional, constituyendo una aspiración compartida por China y los países latinoamericanos y caribeños.. 

sábado, 12 de julio de 2014

China pone la mirada en Latinoamérica



El presidente Xi viaja al subcontinente para intensificar los lazos comerciales y políticos.


MACARENA VIDAL LIY Pekín/EL PAÍS



 El presidente chino, Xi Jinping, con su homólogo mexicano, Peña Nieto en su visita a México en 2013 / AFP

El presidente chino, Xi Jinping, comienza mañana, lunes, una gira por América Latina. Su segunda visita en 13 meses —que le llevará a Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba— envía un mensaje decidido sobre la importancia creciente que concede a la zona en el ámbito económico, comercial e incluso político. Pero Xi también pasará revista a los lazos con cuatro países que, de una manera u otra, se enfrentan a una encrucijada en la relación bilateral.
La visita “es extremadamente importante, no es otro viaje de rutina más. Va a incrementar los lazos entre China y Latinoamérica”, apunta Jorge Heine, próximo embajador de Chile en Pekín, en una teleconferencia. Los vínculos son relevantes: China es el segundo socio comercial de la región y uno de sus principales inversores. Y Pekín mira a la zona ya no solo como suministradora de recursos naturales, sino también como interesante lugar de inversión en áreas como las infraestructuras, las telecomunicaciones o incluso la banca. Un interés que empiezan a compartir Rusia —la visita de Xi coincide con la gira paralela de Vladímir Putin por la región—, India, Japón o Corea del Sur.
El investigador del Instituto de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales (CASS), Xu Shicheng, asegura que América Latina “tiene una importancia estratégica para China tanto en el presente como en el futuro”.
Pero no es oro todo lo que reluce. Países como Perú o Chile, importantes proveedores de hierro y cobre respectivamente, ven con preocupación la ralentización de la economía china y el posible impacto en su crecimiento. Y los cuatro países que visitará Xi “han atravesado dificultades en la relación bilateral, a la hora de hacer progresar la relación” con China, apunta Matt Ferchen, del centro de estudios Carnegie-Tsinghua Center for Global Policy.
La primera etapa del viaje será Brasil, donde además de participar en la cumbre anual de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en Fortaleza el 15 y el 16, Xi efectuará una visita de Estado. Brasil es el país más importante para China en la región: su intercambio comercial superó el año pasado los 90.200 millones de dólares (66.287 millones de euros) —el más alto entre los BRICS — y ambos países comparten objetivos de política exterior, desde la cooperación para el desarrollo hasta la regulación financiera internacional. Pero China ve con preocupación algunas medidas brasileñas que considera proteccionistas y Brasil quisiera ver un mayor número de sus empresas implantarse con éxito en el país asiático.
La visita, afirma Adriana Abdenur, de la Universidad Católica Pontificia de Río de Janeiro, servirá para “consolidar y expandir el papel de China como principal socio comercial de Brasil”. Está previsto que se firmen una veintena de acuerdos de cooperación, que podrían incluir exportaciones de la firma aeronáutica Embraer a China y mayores inversiones chinas en infraestructuras brasileñas, especialmente en transporte.
Argentina, donde Xi llegará el día 18, será la siguiente etapa. Un país donde el intercambio se encuentra claramente por debajo del potencial —alcanzó los 14.800 millones de dólares el año pasado—, Xi quiere dar un nuevo impulso a la relación y planea reconocer a Argentina como “socio estratégico integral”, un paso más en la escala de sus relaciones políticas. Económicamente, está previsto que se firmen, entre otros, acuerdos de inversiones por más de 6.000 millones de dólares para construir dos centrales hidroeléctricas y modernizar el ferrocarril Belgrano-Cargas. Cabe esperar, asimismo, que en las conversaciones con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se hable también del interés de la parte china en el yacimiento de Vaca Muerta, que se calcula que alberga las segundas mayores reservas de gas de esquisto, y las cuartas de petróleo, del mundo.
De todos los países de la gira, Venezuela es el que atraviesa los problemas internos más profundos. Las protestas callejeras han dejado al menos 42 muertos, cae el aparato productivo y ha descendido la extracción de petróleo. Dado que se trata de uno de sus grandes aliados políticos en la región, y un importante suministrador de crudo al que Pekín ha entregado cerca de 60.000 millones de dólares en créditos, China mira con atención los acontecimientos. “Las compañías chinas están implicadas y profundamente preocupadas” sobre la situación en Venezuela, recuerda Ferchen.
En Cuba, el tradicional aliado de China en América Latina, Xi repasará el ritmo de las reformas económicas. Y podría anunciar un acuerdo para el desarrollo del puerto de aguas profundas de Mariel, lo que supondría un importante respaldo para el Gobierno de Raúl Castro.
Además de ahondar en las relaciones bilaterales, la gira de Xi busca también subrayar el interés de China en aumentar los lazos no sólo económicos, sino políticos, con la región. El principal evento para ello será una reunión con representantes de los países de la CELAC, la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, durante su visita a Brasil.
En esa reunión se anunciará formalmente el primer foro de cooperación entre China y la CELAC, previsto para antes de fin de año en Pekín. Este foro representa, a juicio de Jorge Malena, de la Universidad argentina del Salvador, “un éxito de las diplomacias tanto de China como del subcontinente: la República Popular logra sentarse a la mesa con todos los Estados de América Latina y el Caribe”, incluidos aquellos que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán, “mientras que América Latina y el Caribe cuentan con un foro para construir un frente común ante el gigante asiático”. 

domingo, 6 de julio de 2014

La productividad en la “nube” supera a Internet


Mirada global




Por Jorge Castro

La previsión de la mayor empresa de alta tecnología de la “nube”/cloud computing (Amazon Web Services/AWS) es que la inversión global en Internet y tecnologías vinculadas, que asciende hoy a U$S 5 billones, se duplicaría en los próximos 6 años, y que 90% de ese incremento tendría lugar dentro de la “nube”, la nueva plataforma global de computación.
También se estima que las ganancias de productividad que tienen lugar allí son 6 veces más rápidas que las establecidas por la “Ley de Moore” –la capacidad de procesamiento de la información se duplica cada 18 meses, mientras que sus costos caen a la mitad–.
De ahí que el desplome de los precios en la “nube” adquiera una magnitud que modifica su naturaleza y se orienta hacia la gratuidad.
Los dos países industriales más avanzados –EE.UU. y Alemania– experimentan una carencia cualitativa de mano de obra suficientemente calificada. El sector manufacturero estadounidense (NAM) ha ofrecido 3 millones de puestos de trabajo altamente calificados, que no han sido cubiertos porque no existen en el mercado trabajadores con la suficiente formación para hacerlo. El problema es mayor en la República Federal. Su fuerza de trabajo se contraería en 2,4 millones en 2020, por una oferta laboral que cae de 43 millones en 2013 a 37 millones en 2030.
Pero lo importante en el capitalismo no es la oferta laboral de la que se carece, sino la magnitud y calidad del poder productivo que le ofrece su fuerza de trabajo. “El capital real no es el capital, sino el trabajo”, dice Marx (Grundrisse). Los productos de alta tecnología no son seres dotados de vida propia, sino la inteligencia imbuida en ellos por una fuerza laboral que ha dejado de operar en forma directa y material y ha adquirido un carácter abstracto y universal. Se ha transformado en “inteligencia colectiva”.
Al hacerlo, se ha convertido en el principal factor de producción, por encima del capital fijo y de la fuerza de trabajo material; y los bienes de alta tecnología que ha creado son un derivado de su excepcional potencia creadora: “nube”/Internet móvil, la maquinaria del siglo XXI.
El predominio de la “inteligencia colectiva” se presenta a través de dos dimensiones: automatización creciente (robotización); y aceleración de la revolución en las telecomunicaciones y el transporte, al punto de que el tiempo aniquila al espacio y la instantaneidad impone una hegemonía sin límites.
La “inteligencia colectiva” deviene en “sociedad del conocimiento” cuando se movilizan, como ha ocurrido en las últimas tres décadas, la totalidad de los recursos intelectuales de una sociedad. Su avance no depende de los mayores medios técnicos, sino del auge extraordinario de la subjetividad –iniciativa, creatividad– de los individuos que la componen.
Se requieren individuos más creativos, más libres.
Esto es lo contrario del disciplinamiento externo y de la automatización forzada, hasta el punto de convertir a la fuerza de trabajo – y ante todo a la vida – en una forma de arte. De ahí que se haya producido una explosión de iniciativa empresarial en el mundo entero, y que Steve Jobs se haya convertido en el arquetipo de la época.
Los nuevos empresarios digitales (start ups) eran 240.000 en 2008 y treparon a 2,6 millones en 2013 (+ 50% anual); y el año pasado las grandes firmas high-tech compraron start ups por U$S 250.000 millones, cifra que se duplicaría al concluir la década. Así, la fuerza de trabajo se socializa y se intelectualiza, mientras que exige a sus integrantes que sean emprendedores libres y creativos, profundamente individualizados e identificables.
Este es el fundamento del nuevo mecanismo de acumulación global. Esta exigencia no es obra de un impulso ético, sino una coerción impuesta por la necesidad, que son las reglas de la competencia. Esta es una época curiosa que fuerza y coerciona el auge de la libertad. 

“Vivimos en dos mundos paralelos y diferentes: el online y el offline”



Zygmunt Bauman. Sociólogo y filósofo



Hemos llegado a un punto en el que pasamos más tiempo frente a pantallas que frente a otras personas y eso tiene efectos perturbadores que no solemos percibir, dice este pensador.

Marina Artusa

En un mismo tono de voz e igual grado de expresividad, Zygmunt Bauman, el sociólogo más influyente de las últimas décadas, hace chistes sobre su sordera y reflexiona sobre la doble vida -online y offline- que, según él, define nuestra modernidad. “Venga de este lado –y señala el audífono escondido en su oído izquierdo- así puedo escuchar algo de lo que usted me diga y conversamos”, dice en una terraza de Lignano Sabbiadoro, el refinado balneario de la costa friulana, cerca de Udine, hasta donde Bauman vino a recibir el Premio Hemingway en la categoría Aventura del Pensamiento. Acaba de guardarse la pipa en el bolsillo. Tiene todavía en la mano dos encendedores y el paquete de tabaco Clan Aromatic, un blend de catorce tabacos diferentes elaborado en Holanda.

¿Qué aspecto de la vida moderna le hace perder el sueño últimamente?
Bueno, trato de simplificar y de encontrar un denominador común en lo que pienso y en lo que digo porque vivimos en un mundo problemático y lo que subyace en común en todas las manifestaciones de los inconvenientes de estos tiempos es la fluidez, la liquidez actual que se refleja en nuestros sentimientos, en el conocimiento de nosotros mismos.
Bauman ya era un sociólogo prestigioso cuando lanzó su concepto líquido -esa idea de inconsistencia que para definir el mundo que nos rodea aplicó a la vida, al amor y a la modernidad- que le valió notoriedad mediática y popular: “Elegí llamar ‘modernidad líquida’ a la creciente convicción de que el cambio es lo único permanente y la incerteza la única certeza –dice él-. La vida moderna puede adquirir diversas formas, pero lo que las une a todas es precisamente esa fragilidad, esa temporalidad, la vulnerabilidad y la inclinación al cambio constante”.

¿Seguimos dominados por la incertidumbre?
La incertidumbre es nuestro estado mental que está regido por ideas como “no sé lo que va a suceder”, “no puedo planificar un futuro”. El segundo sentimiento es el de impotencia, porque aun cuando sepamos qué es lo que debemos hacer, no estamos seguros de que eso vaya a ser efectivo: “no tengo los recursos, los medios”, “no tengo el poder suficiente para encarar el desafío”. El tercer elemento, que es el más dañino psicológicamente, es el que afecta la autoestima. Uno se siente un perdedor: “no puedo mantenerme a flote, me hundo”, “son los demás los exitosos”. En este estado anímico de inestabilidad, maníaco, esquizofrénico, el hombre está desesperado buscando una solución mágica. Uno se vuelve agresivo, brutal en la relación con los demás. Usamos los avances tecnológicos que, teóricamente deberían ayudarnos a extender nuestras fronteras, en sentido contrario. Los utilizamos para volvernos herméticos, para cerrarnos en lo que llamo “echo chambers”,un espacio donde lo único que se escucha son ecos de nuestras voces, o para encerrarnos en un “hall de los espejos” donde sólo se refleja nuestra propia imagen y nada más.

¿Dónde lo pasamos mejor, online u offline?
Hoy vivimos simultáneamente en dos mundos paralelos y diferentes. Uno, creado por la tecnología online, nos permite transcurrir horas frente a una pantalla. Por otro lado tenemos una vida normal. La otra mitad del día consciente la pasamos en el mundo que, en oposición al mundo online, llamo offline. Según las últimas investigaciones estadísticas, en promedio, cada uno de nosotros pasa siete horas y media delante de la pantalla. Y, paradojalmente, el peligro que yace allí es la propensión de la mayor parte de los internautas a hacer del mundo online una zona ausente de conflictos. Cuando uno camina por la calle en Buenos Aires, en Río de Janeiro, en Venecia o en Roma, no se puede evitar encontrarse con la diversidad de las personas. Uno debe negociar la cohabitación con esa gente de distinto color de piel, de diferentes religiones, diferentes idiomas. No se puede evitar. Pero sí se puede esquivar en Internet. Ahí hay una solución mágica a nuestros problemas. Uno oprime el botón “borrar” y las sensaciones desagradables desaparecen. Estamos en proceso de liquidez ayudada por el desarrollo de esta tecnología. Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo. Entre los daños más analizados y teóricamente más nocivos de la vida online están la dispersión de la atención, el deterioro de la capacidad de escuchar y de la facultad de comprender, que llevan al empobrecimiento de la capacidad de dialogar, una forma de comunicación de vital importancia en el mundo offline.

Si nos sentimos cómodos conectados, ¿para qué nos haría falta recuperar el diálogo?
El futuro de nuestra cohabitación en la vida moderna se basa en el desarrollo del arte del diálogo. El diálogo implica una intención real de comprendernos mutuamente para vivir juntos en paz, aun gracias a nuestras diferencias y no a pesar de ellas. Hay que transformar esa coexistencia llena de problemas en cooperación, lo que se revelará en un enriquecimiento mutuo. Yo puedo aprovechar su experiencia inaccesible para mí y usted puede tomar algún aspecto de mi conocimiento que le sea útil. En un mundo de diáspora, globalizado, el arte del diálogo es crucial. La diasporización es un hecho. Estoy seguro de que Buenos Aires es una colección de diversas diásporas. En Londres hay 70 diásporas diversas: étnicas, ideológicas, religiosas, que viven una al lado de la otra. Transformar esta coexistencia en cooperación es el desafío más importante de nuestro tiempo. Diálogo significa exponer las propias ideas aun asumiendo el riesgo de que en el transcurso de la conversación se compruebe que uno estaba equivocado y que el otro tenía razón. El mejor ejemplo lo ha dado su Papa, el Papa argentino: apenas asumió, Francisco concedió su primera entrevista a Eugenio Scalfari, decano de los periodistas italianos y ateo confeso, y a un diario anticlerical como esLa Repubblica.

¿La vida online es un refugio o un consuelo a esa falta de diálogo?
Hallamos un sustituto a nuestra sociabilidad en Internet y eso hace más fácil no resolver los problemas de la diversidad. Es un modo infantil de esquivar vivir en la diversidad. Hay otra fuerza que actúa en contra y es el cambio de situación en la regulación del mercado del trabajo. Los antiguos lugares de trabajo eran ámbitos que propiciaban la solidaridad entre las personas. Eran estables. Eso cambió hoy con los contratos breves y precarios. Las condiciones inestables, fluctuantes y sin perspectivas de carrera no favorecen la solidaridad sino la competencia. Estos dos factores no incentivan a la gente para el diálogo. Soy una persona ya mayor y creo que me voy a morir sin ver este problema resuelto.

Surgen en distintos lugares del mundo, sin embargo, procesos de autoorganización social desde abajo. Vecinos que se autogestionan para resolver problemas como la inseguridad o para recuperar la sociabilidad perdida. ¿Es una alternativa o un paliativo?
Lo que usted señala es muy importante. Es crucial para la actual situación porque todas las instituciones de acción colectiva que heredamos de nuestros ancestros, aquellos que desarrollaron las bases de la democracia moderna como el poder tripartito, el parlamento en las democracias representativas, las elecciones, la Corte Suprema, ya no funcionan adecuadamente. Todas estas instituciones tenían una única y misma idea en mente: establecer las reglas de la soberanía territorial. Pero vivimos en condiciones de globalización, lo que significa que nadie es territorialmente independiente. Ningún gobierno hoy puede decir que tiene pleno control de la situación porque se vive en un mundo globalizado donde los mercados, las finanzas, el poder, todo está globalizado. Entonces, aquellas instituciones que una vez fueron efectivas en establecer la independencia territorial para un mejor desarrollo del Estado moderno, hoy son inservibles para afrontar el tema de la interdependencia a la que nos enfrenta la globalización.

¿Los gobiernos son ciegos o necios al punto de no admitir la globalización?
Proponen soluciones locales a problemas globales. No se puede pensar con esta lógica. Es preciso desarrollar soluciones que renieguen de las fronteras territoriales del mismo modo que lo han hecho los bancos, los mercados, el capital de inversiones, el conocimiento, el terrorismo, el mercado de armas, el narcotráfico.

¿Y eso daría origen a las nuevas formas de autoorganización?
Surgen proyectos interesantes como Slow Food o Médicos Sin Fronteras. Jeremy Rifkin (economista y teórico social estadounidense) escribió un libro que se publicó el año pasado - The Zero Marginal Cost Society. The Internet of Things, The Collaborative Commons, and the Eclipse of Capitalism (El costo social cero. La Internet de las cosas, los bienes comunes colaborativos y el eclipse del capitalismo)- donde señala que una nueva realidad está emergiendo aún inadvertida por la opinión pública. Los mercados competitivos están siendo reemplazados por lo que él denomina “collaborative commons” , el bien común colaborativo, donde la gente no busca la ganancia personal sino la cooperación, reunir fuerzas y compartir. Compartir conocimiento, recursos. Compartir felicidad, compartir welfare .

¿Usted está de acuerdo?
No sabría decir si Rifkin tiene razón o no. El dice que la tecnología resolverá el problema, que lo hará por nosotros. Para mí eso es una reedición del determinismo tecnológico que no me gusta. Me resulta improbable sugerir que la cuestión esté resuelta y que el éxito de la transformación en curso esté preestablecido. Un hacha se puede usar para cortar leña o para partirle la cabeza a alguien: mientras la tecnología determina la serie de opciones abiertas a los seres humanos, no determina cuál de estas opciones al final será elegida o descartada. Qué puede hacer el hombre es tal vez una pregunta que puede dirigirse a la tecnología. Pero qué hará el hombre debe preguntarse a la política, a la sociología, a la psicología. La gente está buscando alternativas a las instituciones que no están funcionando. Hacen lo que nadie hará por ellos. Eso es innegable.
Copyright Clarín, 2014. 

miércoles, 2 de julio de 2014

América Latina, en la encrucijada



Aumentar la productividad y reducir la desigualdad son los principales retos para el crecimiento de la región tras el fin del boom de las materias primas.



LUIS PRADOS París/EL PAÍS



 El secretario general de OCDE, José Ángel Gurría. / EFE

 “Los vientos están cambiando para la región”. “Ahora, por lo menos sabemos lo que no queremos”. Estas dos frases, la primera pronunciada por Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, en la apertura del VI Fórum Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe celebrado el pasado lunes en París, y la segunda por el presidente de Perú, Ollanta Humala, en su clausura, encerraron cuatro horas de seminario dedicadas a debatir el camino a seguir por las economías latinoamericanas una vez terminado el carnaval de las commodities, la llamada Década Dorada propiciada principalmente por el tirón de la demanda china y los altos precios de las materias primas, sobre todo, de los minerales.
Los debates pusieron de manifiesto lo logrado durante estos años, como la solidez macroeconómica y la estabilidad democrática —entre 2012 y 2015 un total de 14 países habrán celebrado elecciones sin que dieran lugar a crisis de legitimidad—, pero también la decepcionante evolución de las economías del continente —con un crecimiento promedio del 2% del PIB frente al 5% de no hace tanto tiempo— y la urgencia de tomar las decisiones correctas en un momento crucial.
La selección mundial de expertos reunidos en París —Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID);Danilo Astori, vicepresidente de Uruguay; Rebeca Grynspan, secretaria general Iberoamericana; Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la CEPAL; Mario Pezzini, director del Centro de Desarrollo de la OCDE, entre otros— coincidieron en el diagnóstico y también, con matices, en los remedios.

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Cinco males fueron identificados: la baja productividad, “bestia negra”, como dijo Gurría, que lastra el crecimiento del continente —en 20 años solo registró un aumento del 1,6% frente al 3% de países como Corea del Sur, Turquía o Polonia—; la desigualdad, que hace de América Latina la región más injusta del mundo—el 20% más rico capta en promedio el 47% del ingreso total—; la informalidad en el empleo, que afecta al 55% de sus trabajadores —unos 130 millones de personas—; la escasa capacidad de recaudación fiscal —del 13,6% del PIB en 1990 ha pasado al 20,7% ahora, muy lejos aún del 34,1% de media en los países de la OCDE— y la falta de inversiones en infraestructuras —una media de 2,5 puntos del PIB frente al 6 de los países asiáticos—, lo que dispara los costes de exportación en comparación con sus rivales comerciales.
Hubo consenso en la urgente necesidad de una revolución educativa, “tanto en lo que se refiere a la inclusión social de mujeres y jóvenes como a la búsqueda de la excelencia”, como dijo el vicepresidente Astori, como primer paso para mejorar la productividad, y en la apuesta por la calidad y la apertura de la sociedad.
También en la importancia de fomentar una mayor cooperación internacional e integración regional para abordar los grandes proyectos de infraestructuras así como en la defensa de las pymes frente al poder de los monopolios.
En cuanto a la desigualdad, la secretaria ejecutiva de la CEPAL rebajó la euforia de algunos gobiernos latinoamericanos: “Hablan de haber creado una nueva clase media y es verdad que millones de personas han salido de la pobreza, pero no son clase media por su capacidad de ahorro sino por su capacidad para endeudarse comprando bienes importados”. En este contexto, Alexandre Meira da Rosa, gerente del sector de Infraestructura y Medio Ambiente del BID, subrayó el vertiginoso proceso de urbanización de América Latina y la presión que sus habitantes, ahora con mayor poder adquisitivo, ejercen sobre unas autoridades incapaces de satisfacer las demandas de mejores servicios públicos.
En resumen, reformas y libre comercio, o dicho de otra manera la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) como modelo a imitar frente al estancamiento de Mercosur o la vía al subdesarrollo de Cuba y Venezuela, para afrontar la encrucijada en que se encuentra el continente.
En el tintero se quedaron las dificultades para aplicar y desarrollar esas reformas, el problema de la debilidad institucional de la mayoría de los países, lo que se traduce generalmente en exceso de burocracia, corrupción e impunidad, o el debate sobre si las conquistas de hoy serán reversibles mañana, si a la Década Dorada sucederá otra Década Perdida. Pero, al menos, como dijo Humala, parece que esta vez América Latina tiene claro lo que no quiere. 

lunes, 30 de junio de 2014

El Papa dice que los comunistas robaron a la Iglesia la bandera de la pobreza




Francisco I vuelve a ahondar en política en una entrevista con el periódico 'Il Messaggero'.

"No digo que sean todos corruptos, pero creo que será difícil permanecer honestos en política".


AGENCIAS Roma 


El papa Francisco, el 29 de junio de 2014, en el Vaticano. / ALESSANDRO BIANCHI (REUTERS)

El papa Francisco ha asegurado que los comunistas le han robado a la Iglesia Católica la causa o "la bandera de los pobres", que, a su juicio "es cristiana" puesto que se sitúa en el centro del Evangelio desde hace veinte siglos. "Los comunistas nos han robado la bandera. La bandera de los pobres es cristiana (...). Los comunistas dicen que todo esto de la pobreza es algo comunista. Sí, claro, ¿cómo no?... Pero veinte siglos después (de la escritura del Evangelio). Cuando ellos hablan, nosotros podríamos decirles: ¡Pero si sois cristianos!", ha dicho.
En estos términos se expresó el pontífice en una entrevista publicada este domingo por el rotativo italiano Il Messaggero, en la que repasa temas como la política, la caída de la natalidad en Europa, el papel de la mujer en el seno de la Iglesia Católica o la explotación infantil. Al ser preguntado sobre si existe una jerarquía de valores en la gestión de lo público, ha especificado que hay que "tutelar siempre el bien común" y que esta es "la vocación del político" que incluye "la custodia de la vida y su dignidad".

La corrupción, desgraciadamente, es un fenómeno mundial. Hay jefes de estado encarcelados por esta cuestión. He reflexionado mucho y he llegado a la conclusión de que muchos males crecen, sobre todo, en épocas de cambio".
Jorge Bergoglio.

"No digo que sean todos corruptos, pero creo que debe ser difícil permanecer honestos en política", ha agregado. Además, ha matizado que hay personas que quieren hacer las cosas "claras" pero que encuentran "dificultades" y es como si fueran "fagocitadas por un fenómeno endémico, a mucho niveles transversal", porque las presiones hacia "una cierta deriva moral" son más "fuertes".
Ha añadido: "La corrupción, desgraciadamente, es un fenómeno mundial. Hay jefes de estado encarcelados por esta cuestión. He reflexionado mucho y he llegado a la conclusión de que muchos males crecen, sobre todo, en épocas de cambio". Así, ha detallado que es "un cambio de cultura" y que el cambio de época "alimenta la decadencia moral, no sólo política sino también de la vida financiera o social".
Asimismo mostró su preocupación por la caída de la natalidad en Europa, un continente que, a su juicio, parece haberse "cansado de ejercer de madre y prefiere hacer de abuela". "El otro día leía una estadística sobre los criterios de compra de la población a nivel mundial. A la alimentación, la vestimenta y la medicina le seguían la cosmética y los gastos para los animales", señaló.
Al hablar del papel femenino en la Iglesia, el Papa ha explicado que "la mujer es lo más bonito que ha creado Dios" y que la Iglesia es mujer, aunque ha precisado que no se habla mucho de ello y que hay que trabajar sobre la "teología de la mujer". "No se puede hacer teología sin esta feminidad", ha añadido.
Además, ha explicado que la Iglesia "debe ayudar a las familias en dificultad" con un trabajo en salida que imponga un "esfuerzo común" a tiempo que ha recalcado la necesidad de "salir a la calle, buscar la gente ir por las casas, visitar a las familias, ir a las periferias". "No ser una Iglesia que sólo recibe, sino que ofrece".
Sobre sus reformas en el interior de la Iglesia, como el consejo de ocho cardenales encargado de la reforma de la Curia, el Papa aseguró seguir las peticiones que los purpurados realizaron durante las congregaciones generales previas al cónclave del año pasado. "Mis decisiones son fruto de las reuniones pre-cónclave. No he hecho nada solo", reconoció. 

El fracaso de Ortega y Gasset



Vocación intelectual y política


Por Mario Vargas Llosa |  Para LA NACION




Me hubiera gustado escuchar una conferencia de José Ortega y Gasset, o, mejor todavía, seguir alguno de sus cursos. Todos quienes lo escucharon dicen que hablaba con la misma elegancia e inteligencia con la que escribía, en un español rico y fluido, muy seguro de sí mismo, con ciertos desplantes vanidosos que no ofendían a nadie por la enorme cultura que exhibía y la claridad con que era capaz de desarrollar los temas más complejos. La doctora Margot Arce, que fue su alumna, me contaba en Puerto Rico, medio siglo después de haberlo escuchado, el silencio reverencial y extático que su palabra imponía al auditorio. Me lo imagino muy bien; incluso cuando uno lo lee -y yo lo he leído bastante, siempre con placer- tiene la sensación de estarlo oyendo, porque en su prosa clara y frondosa hay siempre algo de oral.


La biografía que acaba de publicar Jordi Gracia (Taurus) muestra un Ortega y Gasset mucho menos recio y firme en sus ideas y convicciones de lo que se creía, un intelectual que de tanto en tanto experimenta crisis profundas de desánimo que paralizan esa energía que, en otras épocas, parece inagotable y lo lleva a escribir, estudiar y meditar sin tregua, durante semanas y meses, produciendo artículos, ensayos, una correspondencia ingente, dando clases y conferencias y desarrollando al mismo tiempo una labor editorial que dejaba una huella importante en la cultura de su tiempo. Muestra, también, que ese trabajador infatigable era, como un Isaiah Berlin, prácticamente incapaz de planear y terminar un libro orgánico, pese a tener la intuición premonitoria de tantos, que nunca llegaría a escribir, porque la dispersión lo ganaba. Por eso fue, sobre todo, un escritor de artículos y pequeños ensayos, y sus libros, todos ellos con excepción del primero -lasMeditaciones del Quijote- recopilaciones o inconclusos. Nada de eso empobrece ni resta originalidad a su pensamiento; por el contrario, como ocurre con los textos casi siempre breves de Isaiah Berlin, los artículos de Ortega son generalmente algo mucho más rico y profundo que lo que suele ser un artículo periodístico; planteamientos, exposiciones o críticas que a menudo abordan temas de muy alto nivel intelectual y cargados de ideas sugestivas a veces deslumbrantes y, sin embargo, siempre asequibles al lector no especializado.
Por eso ha hecho muy bien Jordi Gracia al rastrear como un sabueso toda la trayectoria de los artículos de Ortega y Gasset; es la más segura manera de acercarse a su intimidad de pensador y de escritor, de averiguar cómo discurría en él su vocación de filósofo y de literato. Todo comenzaba por una idea o una intuición que volcaba en un artículo (a veces en varios). De allí ese embrión pasaba la prueba de una clase o una charla pública y, enriquecido, cuajaba en un ensayo. Aunque muchas veces tenía la idea de prolongarlo en un libro, por lo general no pasaba de allí, porque otra intuición, hallazgo o invención genial lo desviaba a otro artículo que, luego, siguiendo el mismo itinerario, terminaba desembocando en uno de esos ensayos -con frecuencia excelentes y a menudo soberbios- que son la columna vertebral de su obra y que ocuparon gran parte de su vida.
Jordi Gracia muestra también que la vocación política fue tan importante en Ortega como la intelectual. En su juventud, en su temprana y media madurez, ambas vocaciones se fundían en una sola; quería ser un gran pensador y un gran escritor para cambiar a España de raíz, volverla europea, modernizarla, democratizarla, lo que para él -como para los intelectuales que atrajo a la Agrupación al Servicio de la República- significaba llevar a gobernar el país a sus hijos más cultos, inteligentes y decentes, en vez de esa clase política que desprecia por mediocre, falta de ideas y de creatividad, acomodaticia y cínica. A tratar de formar un movimiento que materialice ese proyecto dedica buena parte de su tiempo, pues él está convencido de que se trata de una acción cultural, de diseminación de ideas nuevas y fértiles, y eso explica que se vuelque de ese modo a la tarea periodística, en diarios y revistas, convencido de que ésa es la mejor manera de cambiar la política en uso, contagiando entusiasmo por unas ideas y unos valores que deben llegar al gran público de la misma manera que llegaban a sus estudiantes: a través de la persuasión. En eso consistía lo que él llamaba su "liberalismo", aunque, muchas veces, le añadiera la palabra socialismo, para indicar que aquella revolución cultural de la vida política no estaría exenta de un fuerte contenido social. La República le pareció que era el régimen más propicio para aquella transformación política de España.
Sin embargo, aquellos no eran tiempos para la sana controversia de las ideas como quería Ortega, sino la de los fanatismos encontrados, en la que los insultos y las pistolas reemplazaban rápidamente los debates y los diálogos entre los adversarios. Éste será el gran fracaso de Ortega, la absoluta inoperancia de aquella pacífica revolución cultural que proponía y que, primero, la violenta experiencia republicana y luego la sublevación fascista y la guerra enterrarían por más de medio siglo.
El libro de Jordi Gracia da cuenta pormenorizada y con admirable objetividad de la traumática experiencia que significó para Ortega el desmoronamiento de todos sus anhelos políticos. Primero, la desilusión que tuvo con la República que no se parecía en nada a aquella ilustrada coexistencia en la diversidad que había previsto, y, luego, la sublevación militar y la Guerra Civil. La impotencia lo condujo al silencio. Pero nunca traicionó su propio ideal, aunque admitiera que, en esa circunstancia, era simplemente impracticable, desprovisto de toda realidad. El silencio que guardó en tantos años de exilio, en Francia, en Portugal, en la Argentina, desprestigió a Ortega a los ojos de muchos. Yo creo que fue un acto de gran coraje tratar de mantenerse al margen, sin tomar partido, por dos opciones que le parecían igualmente inaceptables: el fascismo y una república muy poco democrática, dominada por los extremismos sectarios.
Creo que fue un gran error de su parte volver a España en plena dictadura, creyendo ingenuamente que con la posguerra el régimen se abriría, y la verdad es que lo pagó caro, pues, como muestra con lujo de detalles Jordi Gracia, a la vez que seguía siendo atacado (y silenciado) con ferocidad por el nacional catolicismo, ciertos sectores falangistas trataban de apropiárselo, sembrando la confusión en torno de él, al extremo de que seguidores suyos tan fieles como María Zambrano llegaran a creer que había traicionado sus viejos ideales. Nunca los traicionó; hasta el fin de sus días fue laico y ateo y defensor de una democracia liberal signada por la tolerancia. Al mismo tiempo, pese a la incomodidad política permanente en la que pasó sus últimos años, su vitalidad intelectual nunca cesó de manifestarse, en ensayos y artículos que recobraban a veces el vigor expresivo y la riqueza creativa de antaño. El reconocimiento que tuvo en los últimos años fue en el extranjero, en Alemania sobre todo, pero también en Inglaterra y en Estados Unidos. En España, en cambio, y hasta hoy día, nunca se lo ha reivindicado del todo, porque, para unos, es una figura ambigua y reticente, que mantuvo durante la Guerra Civil y la inmediata posguerra un silencio cobarde que constituía una discreta complicidad con los fascistas, o un conservador de viejo cuño, inadaptado e irremisiblemente enemistado con la modernidad.
Uno de los grandes méritos del libro de Jordi Gracia es que, sin excusarle ninguna de sus equivocaciones y errores políticos ni dejar de señalar cómo a veces la vanidad lo cegaba y lo llevaba a exagerar sus exabruptos, hecho el balance, Ortega y Gasset es uno de los grandes pensadores de nuestra época, y que, precisamente en el tiempo en que vivimos -no en el que él vivió-, sus ideas políticas han sido en buena medida confirmadas por la realidad. Leerlo ahora no es un quehacer arqueológico, sino una inmersión en un pensamiento candente, muy provechoso para encarar la problemática actual, a la vez que disfrutar del placer exquisito que produce un escritor que pensaba con gran libertad y originalidad y expresaba sus ideas con la belleza y la precisión de los mejores prosistas de nuestra lengua..